Actividades económicas

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Pâturage

En 1084, cuando Bruno y sus 6 compañeros

llegan en el centro de la montaña de “Chartreuse”, encuentran allí el lugar ideal que estaban buscando, completamente aislado, arbolado de bosques densos, que les ofrece el silencio y la soledad propicia a su vocación.

iPero tienen que encontrar los medios de su subsistencia! Un ancho perímetro del bosque es talado de modo muy rápido para permitir cultivos y pastos

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Martinetes

De un modo bastante rápido,

probablemente desde el siglo XII, explotan las minas de los alrededores. Desde el siglo XIII, se señala la existencia de un “horno” en el lugar llamado “Fourvoirie”, algunos kilómetros más abajo del monasterio a orilla del torrente “Le Guiers”.

Los arboles transformados en carbón de leña, la fuerza motriz del torrente, la potencia de los saltos de agua, les procuran la energia necesaria para tratar el mineral de hierro y conseguir la fundición del metal.
Muchas pruebas subsisten de las fabricaciones de esta época : cancelas, puertas, cerraduras, placas de chimenea, por ejemplo.

En el siglo XVIII, para proteger los bosques de su reino, el Rey Luis XV impone severas restricciones a la utilización del carbón de leña para las actividades metalúrgicas. Poco a poco, los hornos de los Cartujos se apagan por falta de combustible,
y los numerosos martinetes que permiten transformar el hierro en productos acabados se paran uno tras otro.

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Mientras tanto, a partir del siglo XVII,

el desarrollo de la marina de vela les permite vender los abetos más bellos para hacer mástiles.

En efecto, los abetos de la Chartreuse son famosos por su robustez y su gran envergadura.

El fin del siglo XVIII fue un periodo dificil. La metalurgia se debilita y la Revolución Francesa fuerza la marcha de los monjes durante muchos años.

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Se tiene que esperar al siglo XIX,

para que el Elixir y el Licor, ya famosos desde hacía cientos de años, conozcan un desarrollo comercial considerable.

Así, desde el origen de la Orden de los Cartujos, a pesar de los periodos dificiles, los monjes han sabido ejercer sus actividades económicas que les permitieron asegurar con una independencia total su vocación de rezo y de alabanzas, así como participar en el desarrollo económico de las poblaciones del “Dauphiné” (Francia), permaneciendo fieles a su regla de soledad y de silencio.